6 trucos prácticos para ser un poco más feliz y dar más sentido a tu vida – parte 3

Aquí está, ahora sí, la última parte de los consejos para ser más feliz que una perdiz y vivir más a gusto que un arbusto. 

Por si no has leído el resto y quieres hacerlo, aquí tienes las dos primeras partes, con los puntos del 1 al 4:

Pues venga, ¡suma y sigue!


5. Cada pequeño triunfo es importante y merece ser celebrado por todo lo alto

Imagínate por un momento que conoces a un tal Aladdin, le invitas a comer a tu casa y casualmente, cuando se va, te encuentras una bonita y maravillosa lámpara descuidada en tu sofá (o al menos eso le dices a él después, para que no se entere de que en realidad se la habías robado 😉 ). ¿Qué deseos le pedirías al genio? Seguramente te lo pensarías bien y le pedirías “grandes deseos” que en realidad te servirían para cumplir muchos deseos pequeños, por ejemplo:

  • “tener mucho dinero” ➜ proporciona seguridad, elimina preocupaciones, permite olvidarse de hipotecas y alquileres, hacer regalos, darse caprichos a uno mismo, etc.
  • “buena salud y buena suerte para todos los seres queridos” ➜ en realidad serían muchos deseos, uno para cada una de esas personas.
  • “ser feliz toda la vida” ➜ no se me ocurre ningún deseo que englobe tantas cosas como éste.

La cuestión es que, por suerte o por desgracia, la vida real no funciona así. Excepto en casos excepcionales, normalmente las cosas no caen del cielo ni a uno se le arregla la vida de la noche a la mañana. En general, para alcanzar una meta o un sueño, primero hay que esforzarse para llegar a cumplir muchos pequeños pasos previos. Y como en el caso de los deseos, las “grandes cosas” lo son porque se componen de muchas “pequeñas cosas” (los grandes placeres de diversas sensaciones agradables, los grandes problemas de varios inconvenientes, los grandes días de muchos buenos momentos…).

Ya que -como siempre- podría enrollarme como una persiana, resumiré todo lo que quiero transmitir en unas pocas frases:

cualidades

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  • Para alcanzar un gran propósito a largo plazo, siempre es necesario conseguir muchos más por el camino.
  • Dicho de otra manera, una guerra no se gana sin haber vencido en muchas pequeñas batallas.
  • Cuanto más esfuerzo cuesta conseguir algo, más satisfacción se siente al alcanzarlo.
  • No sólo importa llegar al destino, sino que es igual o más importante disfrutar del camino.

Conclusión: ser ambiciosos y plantearse grandes retos está muy bien, pero hay que ser realistas. Y para evitar frustrarnos al ver lo que cuesta conseguir ese gran objetivo, el mejor truco es celebrar cada pequeño avance como lo merece; al fin y al cabo, es un paso hacia delante y por lo tanto nos está acercando a lo que queremos alcanzar. De este modo, si por lo que sea nos quedamos a mitad de camino, pues nada: “que nos quiten lo bailao”.

Explico un ejemplo. Durante el tiempo que estuve haciendo reposo por la úlcera, hubieron muchos cambios. Al principio la cosa pintaba muy mal, pero poco a poco fue yendo a mejor, luego se puso casi peor que al inicio…. y al final se fue recuperando y se curó y cicatrizó bien, pero a costa de muchos meses de sacrificios (más de un año, que se dice rápido pero pasa muuuy lento) y una intervención quirúrgica. Explico este caso porque, como en casi cualquier otro proceso de recuperación, si uno se desespera deseando estar del todo bien se frustrará enseguida, porque normalmente las cosas van muy lentas y los cambios a mejor son pequeños. Así que el secreto es no angustiarse pensando en el final e intentar alegrarse de cada mejoría por pequeña que sea (en este caso milímetros de “carne sana y cicatrizada”, mira tú que cosa tan simple y a la vez tan importante).

Y esto sirve para 1000 cosas más en el día a día, no sé: cada kilo en una dieta, cada partido ganado en un torneo/liga (y cada tanto en un partido), cada etapa en una carrera o maratón, cada examen aprobado en un curso académico… Incluso cada día que seguimos aquí vivitos y coleando (aunque depende de cómo celebremos esto, igual la palmamos por agotamiento y/o coma etílico a los dos días ).
fecundación

Ey, y si todo sale mal siempre queda un consuelo que ABSOLUTAMENTE TODOS tenemos: en una ocasión fuimos ganadores indiscutibles, el espermatozoide más rápido entre un puñado de millones y un óvulo perfectísimamente preparado para recibirlo. Se dice muy rápido, pero había muchas posibilidades de fracasar y vencimos, así que es una gran hazaña 


6. Cuando no puedas hacer algo como tenías pensado, busca otra manera de llevarlo a cabo. ¡No te des por vencido tan rápido!

De sobras sabemos que, incluso planeando una situación al detalle, casi nunca sale como nosotros querríamos. Menos en las comedias románticas, las películas de Misión Imposible (que luego nunca es imposible) y las de super-mega-robos-que-parecen- inviables-pero-inexplicablemente-los-ladrones-siempre-acaban-en-una-playa-con-el-dinero-y-la-chica-guapa-en-bikini, al final siempre hay algo que falla. Pero… ¿y qué? A veces lo perfecto se vuelve aburrido; cuando las cosas salen un poco mal es cuando, al cabo de un tiempo, nos reímos explicándoselas a alguien (aunque en el momento no nos haga ni puta gracia).

Pues bien, si consideras que algo que quieres hacer es importante (o simplemente divertido, aunque sea una chorrada) y se te tuerce por lo que sea, estrújate el cerebro y busca alternativas. Siempre las hay.

Como caso personal, os explico que no es la primera vez que paso no es la primera vez que paso unos meses en la cama para curar una úlcera. De momento, en poco menos de ocho años ya van tres veces. Pues la primera de ellas, cuando aún estaba en el Institut Guttmann a raíz de mi accidente, duró unos cuatro meses y coincidió con las fiestas de Navidad. Por lo tanto, se juntaron dos factores: que yo, mi hermana y mis padres no estábamos en casa sino en un hospital y que yo no podía salir de la habitación ni levantarme de la cama excepto un par de horas al día. Dadas las circunstancias, podríamos haber pasado unas Navidades bastante tristes y aburridas pero, en gran parte gracias a mi madre, no fue así.

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Mi madre, mi hermana, mi tío y yo (y mi padre haciendo la foto), celebrando la cena de Nochebuena de una forma un tanto peculiar. Eso sí, como se puede deducir viendo las mesas, nos pusimos las botas. 

En primer lugar, mi madre ejerció de decoradora de interiores llenando la habitación de detalles navideños. Ya de paso, como coincidió que estaba sola en la habitación (no recuerdo si en esa época no tenía compañera de habitación, o si se había ido a su casa a pasar las fiestas), también hicimos unas “pequeñas reformas”: giramos mi cama, nos dejaron más mesitas auxiliares, trajimos sillas plegables…

Los días señalados (Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes), mis padres trajeron de casa “comida de día de fiesta” (canapés, cava, chocolate…) y, simplemente con servilletas de papel navideñas y un par de velas bonitas, montaron un puzzle de mesitas de hospital que no tenía nada que envidiar a la mesa navideña de cualquier casa. De vez en cuando, ofrecíamos un bombón o una copa de cava a los trabajadores y pacientes que estuvieran por allí cerca, así que mi habitación parecía la Rambla de Barcelona.

También “nos poníamos guapos” como si fuéramos a salir por ahí de celebración (sobre todo en Nochevieja) y nos hicimos fotos como cualquier otro año. Durante las horas en que podía sentarme genial, pero además cuando tenía que estar en la cama también iba vestida y arreglada. Obviamente, en fin de año no pude salir por ahí con los amigos, pero en vez de eso tomé las uvas y brindé con mi familia y los que estaban ingresados o trabajando esa noche. Después me las arreglé para poder quedarme en la silla un ratito más y fui a dar vueltas por el hospital visitando a gente y haciendo el tonto por los pasillos. Es una alternativa válida, ¿no?

Y lo más importante de todo, familiares y amigos dejaron su casa en esos días para venir a comer, cenar o simplemente estar con nosotros un rato. Recuerdo incluso que cierta persona, en general bastante tímida, vino en transporte público (unas dos horas y media de viaje de ida, con varios transbordos, y luego la vuelta) con un disfraz de Papá Noel puesto, sólo para verme poco más de media hora, traerme un regalo y hacerme reír a su costa.

Está claro que estando en un hospital, lejos del resto de la familia y en un momento bastante difícil para mí y los que me rodeaban, no era el escenario más propicio para celebrar las Navidades como si nada pasara. Pero creo que hubiera sido peor no celebrar nada, ¿no? Si recuerdo tantos detalles es por algo, por la misma razón que provoca que esté sonriendo mientras escribo esto: que guardo en la memoria esas Navidades como algo muy bueno, que para mí destaca por encima de todo lo malo que me estaba pasando en esos momentos.

¡Ale, hasta el próximo post! Y feliz año nuevooo 

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2 comentarios sobre “6 trucos prácticos para ser un poco más feliz y dar más sentido a tu vida – parte 3

  1. Hola!!!
    Hoy he visto la pequeña entrevista que te han echo en el periódico y la foto donde sales a media sonrisa, transmitiendo energía vital.
    Quiero agradecerte, en nombre de todo el mundo, el gran ejemplo que nos das.
    Gracias, desde el respeto y la admiración.

    • ¡Hola!

      Gracias a ti por molestarte en buscar el blog y escribirme. No pretendo ser modelo de nadie, sólo soy una personita más que, como muchas otras, intenta superar sus limitaciones para vivir todo lo que pueda… pero para mí es un orgullo que me consideres un ejemplo y te lo agradezco de corazón.

      Dices que yo transmito energía, pues tú me la has enviado de vuelta con este comentario, que sepas que me ha alegrado mucho :)

      ¡Un abrazo enorme!

      ALBA

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